Construida en 1756, La Casa de la Marquesa fue el hogar de la aristocracia local, símbolo del poder y la elegancia de su época. Su arquitectura barroca con trazos neoclásicos revela una exquisita transición artística: cantera tallada con precisión, balcones ornamentados, patios luminosos y un diseño que combina arte, fe y sofisticación.
Cada piedra narra fragmentos de una historia donde la estética era una forma de nobleza. Hoy, su restauración respeta ese linaje, fusionando comodidad contemporánea con autenticidad histórica, invitando a los visitantes a experimentar el lujo desde una perspectiva patrimonial.